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Florida International University (FIU) y la autopista electrónica de las Américas
MODESTO A. MAIDIQUE
Rector de la Universidad Internacional de la Florida.
Hablar de Miami como ''la puerta hacia América Latina'' evoca imágenes de aviones de toda la región aterrizando a unos metros de la autopista 836, o
gigantescos buques repletos de contenedores entrando y saliendo del Puerto de Miami.
Pero además de ser la puerta de obligación para los viajeros y el comercio entre Estados Unidos y Latinoamérica, también somos el umbral de la
información entre este país y nuestros vecinos. Aquí convergen por lo menos nueve grandes cables submarinos que conectan a Latinoamérica con el resto
del globo y al internet. Suena un poco esotérico, pero eso significa influencia y responsabilidad. Con un par de teclazos se puede tanto girar millones de
dólares, como compartir con la familia lejana la foto de un recién nacido.
En la Universidad Internacional de la Florida hemos capitalizado esa posición estratégica entrelazando las universidades de Latinoamérica con el resto del
país y el mundo. A raíz de nuestros logros, recientemente la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF) nos adjudicó un proyecto de $5 millones de dólares
para construir una superautopista de informática que permita a investigadores de toda la región tener presencia virtual donde sea que haya una
computadora.
Esta subvención de la NSF, National Science Foundation, es importante no sólo por su valor monetario, sino también por el prestigio que trae consigo. Esta
fundación, con un presupuesto anual de $500 millones, es una de las razones principales de que Estados Unidos se mantenga a la vanguardia de las
ciencias en el mundo.
Este proyecto en particular le permitiría a un astrónomo en Harvard observar el cielo austral con un telescopio ubicado en los Andes chilenos sin salir de su
oficina en Massachusetts; o un científico en la Universidad de Sao Paolo podría observar experimentos subatómicos en el laboratorio CERN en Ginebra,
Suiza, sin abandonar Brasil.
En otras palabras, a FIU se le ha dado la responsabilidad de ensanchar la autopista que une a Latinoamérica con el mundo, de cuatro carriles a ocho. Julio
Ibarra, nuestro tecnólogo encargado del proyecto (cubano y graduado de FIU, dicho sea por cierto) me dice que esencialmente la NSF nos hizo sus
representantes de informática en Latinoamérica. Este proyecto es uno de sólo cinco que la NSF concibió para establecer mejores conexiones entre las
universidades investigativas del mundo. Lo mismo que a nosotros nos correspondió Latinoamérica, a la Universidad de Illinois le correspondió Europa y a la
Universidad del Sur de California (USC) le correspondió parte de Asia.
Antes de recibir esta importante subvención federal, ya FIU venía conectando a instituciones latinoamericanas de educación superior a través de una red
llamada AMPATH, esencialmente un internet académico sin los riesgos y demoras que conlleva la red comercial. Esta red nos dio el cimiento y la
experiencia que convenció a los funcionarios de la NSF de encargarnos este importante proyecto.
A FIU y al equipo de Ibarra se les ha dado la misión de facilitar y mejorar la investigación universitaria en el hemisferio. Aunque parezca frase de cajón,
estamos acortando distancias, ahorrando millones de dólares y dándoles acceso a investigadores en todo el hemisferio.
Y a la vez ayudamos no sólo a mantener, sino a fortalecer, la posición de Miami como capital de América Latina y la puerta principal de la región al
mundo.
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